Me entristecen los cementerios…

Supongo que a nadie le alegran, son el lugar donde aparcamos físicamente a nuestros difuntos para ir una vez al año a presentar tributo más allá del que les rendimos personalmente desde nuestro recuerdo día a día.

Para mi además, el de los difuntos es un día de cierta hipocresía, no para todos claro, igual es una sensación que nuestros mayores ven de forma diferente, pero en mi caso no logro escapar de ver en todas esas flores, tumbas pintadas, vestidos de domingo y caras compungidas como un acto hacia la galería y al que dirán, como si el cementerio solo estuviera abierto ese día. Comprendo que no es así para todos, pero si para muchos.

En mi caso, mis padres no me han llegado a transmitir la idea de esa obligación, no acudo al cementerio a menos que entierren a alguien muy cercano, y la tumba de mis abuelos paternos (mi familia materna es más de estas tradiciones) permanece sin lápida y con solo unas flores que mi madre siempre lleva en este día para mis abuelos, triste y desangelada.

Da que pensar, talvez por eso no me gustan…

La idea de esta serie era reflejar la decadencia del cementerio al cabo de unos días de la festividad de los difuntos, las flores marchitas, los angeles desangelados… cuando fui aún las flores aguantaban un poco, pero había una luz bonita y el lugar estaba solitario, fue un buen rato para fotografiar y recordar, visitar a los familiares y darle vueltas a lo poco que somos…

(Pincha en las fotos para ampliarlas)

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